Libro editado en 1950, Tapa dura, 252 páginas - Libro Leído en muy buen estado 

LA TESIS DE PARSONS QUE REDESCUBRIÓ A ANTIOQUIA

Cuando James Parsons se doctoró en Filosofía por la Universidad de California, con su tesis sobre La colonización antioqueña en el Occidente colombiano, en 1948, hace ya setenta años, en las familias tradicionales de nuestra región se narraba la leyenda de algún tío abuelo que había emprendido viaje hacia la tierra embrujadora del Quindío, pero no se alcanzaba todavía a identificar lo que fue la caudalosa corriente migratoria fundadora de pueblos de cultura paisa desde Caldas hasta el Tolima y el Valle.

Fue la publicación de la obra de Parsons (Imprenta Departamental, agosto de 1950), traducida por el médico e historiador manizaleño Emilio Robledo, entonces Presidente de la Academia Colombiana de Historia, la que inauguró una nueva etapa en el estudio y conocimiento de las afinidades genealógicas entre el Viejo Caldas y el pueblo antioqueño, que hasta hace algún tiempo formaban la llamada Antioquia la Grande o el País Paisa, aunque estas dos denominaciones se han diluído, por las interpretaciones contrarias, el olvido y el desinterés en la indagación de los orígenes y el discurrir histórico de toda una provincia que, no obstante, es decisiva en la formación y la pervivencia de la nación colombiana como conjunción de regiones diversas.

James Parsons estuvo en Medellín primero en 1946, por recomendación de Carl Sauer. Se dedicó a hacer toda clase de pesquisas sobre el fenómeno que para él resultaba comparable a la conquista del Oeste norteamericano. Había nacido en 1915 en Nueva York. Murió en Berkeley en 1997. Fue uno de los principales exponentes de la escuela de colombianistas estadinenses. Su principal mérito consistió en descubrirnos a los antioqueños y colombianos una realidad que estaba ahí, latente, pero que hasta entonces no había sido asumida como objeto de investigación. Con razón dijo un autor que en esta región somos excelentes para hacer la historia, pero muy descuidados para escribirla. Me excusan los pocos y buenos historiadores coterráneos.

Emilio Robledo comentó en el prólogo: “No hemos vacilado en calificar este trabajo como la monografía más interesante que se ha escrito acerca de la antropogeografía del pueblo antioqueño; pues además de rastrear en sus orígenes, estudia el medio natural, los aborígenes, el laboreo de las minas, la agricultura en sus relaciones con la colonización, las modalidades de la legislación sobre tierras, el crecimiento de la población, los transportes, las industrias, etc”.

Parsons concluyó con su redescubrimiento de Antioquia que la colonización había configurado un modelo de sociedad democrática e igualitaria de pequeños propietarios. Sociedad variopinta, en la que hubo de todo, sin entrar en detalles. El paisaje nuevo, creado por la colonización antioqueña, está simbolizado en Horizontes, el óleo de Cano. Por extraña paradoja, ningún municipio de Antioquia figura en el Paisaje Cultural Cafetero.

Juan José García Posada.

Fuente Periódico el Colombiano Agosto 13 de 2018

La Colonización Antioqueña en el Occidente de Colombia - James J. Parsons, Ph.D.
$45.000
Cantidad
La Colonización Antioqueña en el Occidente de Colombia - James J. Parsons, Ph.D. $45.000

Libro editado en 1950, Tapa dura, 252 páginas - Libro Leído en muy buen estado 

LA TESIS DE PARSONS QUE REDESCUBRIÓ A ANTIOQUIA

Cuando James Parsons se doctoró en Filosofía por la Universidad de California, con su tesis sobre La colonización antioqueña en el Occidente colombiano, en 1948, hace ya setenta años, en las familias tradicionales de nuestra región se narraba la leyenda de algún tío abuelo que había emprendido viaje hacia la tierra embrujadora del Quindío, pero no se alcanzaba todavía a identificar lo que fue la caudalosa corriente migratoria fundadora de pueblos de cultura paisa desde Caldas hasta el Tolima y el Valle.

Fue la publicación de la obra de Parsons (Imprenta Departamental, agosto de 1950), traducida por el médico e historiador manizaleño Emilio Robledo, entonces Presidente de la Academia Colombiana de Historia, la que inauguró una nueva etapa en el estudio y conocimiento de las afinidades genealógicas entre el Viejo Caldas y el pueblo antioqueño, que hasta hace algún tiempo formaban la llamada Antioquia la Grande o el País Paisa, aunque estas dos denominaciones se han diluído, por las interpretaciones contrarias, el olvido y el desinterés en la indagación de los orígenes y el discurrir histórico de toda una provincia que, no obstante, es decisiva en la formación y la pervivencia de la nación colombiana como conjunción de regiones diversas.

James Parsons estuvo en Medellín primero en 1946, por recomendación de Carl Sauer. Se dedicó a hacer toda clase de pesquisas sobre el fenómeno que para él resultaba comparable a la conquista del Oeste norteamericano. Había nacido en 1915 en Nueva York. Murió en Berkeley en 1997. Fue uno de los principales exponentes de la escuela de colombianistas estadinenses. Su principal mérito consistió en descubrirnos a los antioqueños y colombianos una realidad que estaba ahí, latente, pero que hasta entonces no había sido asumida como objeto de investigación. Con razón dijo un autor que en esta región somos excelentes para hacer la historia, pero muy descuidados para escribirla. Me excusan los pocos y buenos historiadores coterráneos.

Emilio Robledo comentó en el prólogo: “No hemos vacilado en calificar este trabajo como la monografía más interesante que se ha escrito acerca de la antropogeografía del pueblo antioqueño; pues además de rastrear en sus orígenes, estudia el medio natural, los aborígenes, el laboreo de las minas, la agricultura en sus relaciones con la colonización, las modalidades de la legislación sobre tierras, el crecimiento de la población, los transportes, las industrias, etc”.

Parsons concluyó con su redescubrimiento de Antioquia que la colonización había configurado un modelo de sociedad democrática e igualitaria de pequeños propietarios. Sociedad variopinta, en la que hubo de todo, sin entrar en detalles. El paisaje nuevo, creado por la colonización antioqueña, está simbolizado en Horizontes, el óleo de Cano. Por extraña paradoja, ningún municipio de Antioquia figura en el Paisaje Cultural Cafetero.

Juan José García Posada.

Fuente Periódico el Colombiano Agosto 13 de 2018