

Daremos a continuación algunas pautas para entrar en el tercer mundo del diálogo, mismo que se ha buscado con torpes maneras de negociación y de previos intereses que no logran una mirada objetiva ni plausible para los problemas actuales y de siempre en Colombia, Israel latinoamericano.
El lenguaje cotidiano es moneda gastada, de allí que debamos entrar a las dinámicas de hacer lenguaje, de formular un habla genuina. Posiblemente una analogización de la realidad que medie en estos momentos de natural incomprensión.
Están también aquellos que siguen el mundo al pie de la letra. Que no necesitan mediaciones porque para ellos la realidad es puntual y morir es morir como una pluma es una pluma. Cada objeto nombrado de manera única, conjunta los objetos que se agrupan en el nombrar.
Quizá es en el tercer mundo del diálogo donde esto ocurre. Lenguaje y diálogo son la voz que se bebe. Misma que es transparencia y fluir, no sin tropiezos.
No obstante, para lograr dicha claridad, se debe entrar de la mano de la comprensión al terreno de las palabras, ya que al habitar el lenguaje ponemos nuestras intenciones y deseos y eso no permite neutralidad al momento de la conversación.
Prefiero la pasión a la disciplina que sea síntoma de obediencia bruta y militar, no como la obediencia griega que está emparentada con la escucha. Y es la pasión por la escucha la que debe imperar en el momento mismo del diálogo: la escucha del otro y de nosotros mismos.
Pero parece que seguimos argumentando con pasiones, con la hibrys que erupciona y no deja hablar; que impone. De esta manera, el encuentro de los mundos que participan del tercer mundo del diálogo, en realidad se han quedado por fuera. Por esto, deberíamos mantener los pies calientes y la cabeza fría como nos lo dicen los orientales.
El diálogo es realización correcta si se posa en el comprender. Hay que reconocer en él no sólo una intención de ganar posibilidades, de arrancarle un minuto más a la muerte, sino la tensión de los propósitos y la realidad en que nos encontramos que en muchos casos no concuerda con la de nuestro interlocutor.
Así, la intencionalidad prefijada, los discursos armados previamente, son la fatalidad del diálogo. Hay que dejar que sea éste el que nos muestre la salida sin el enfrentamiento localizado y cerrado que sólo nos procura una batalla donde queremos ser los dueños de la verdad.
De este modo, como lo expresó Gadamer en otro contexto, en nuestros diálogos hay que reconocer una experiencia de verdad que no sólo ha de ser justificada filosóficamente, sino que es ella misma una forma de filosofar. Y esta experiencia de verdad debe ser participativa, abierta y no estar en manos de uno u otro, sino en todas las manos.
Es así, que todo intento de encontrar una salida al hegemónico y caduco poder de alianzas irrestrictas que sostienen a nuestros ciudadanos en una guerra que no les pertenece, debe participar de una mirada que contraste las posiciones de quienes sustentan y quienes pretenden el poder. Analizar e interpretar dichas posiciones, para luego dar propositivamente, y con argumentos, una manera de ser libres, obviando toda sujeción moral en el inalienable ejercicio de nuestras vidas. Por ahora, he dicho.
Medellín, 21 de septiembre de 2011

Para darles la bienvenida
a las nuevas generaciones
del subterráneo mundial
Sólo puedes realizar a Dios con tu esfuerzo
Texto tamil anónimo (siglo XIX)
Acontecer en el mundo es darle salida a lo que somos y a lo que no; en otras palabras, a lo conquistado y a lo que buscamos en nuestra individualidad.
Nietzsche nos dijo con Píndaro que: el hombre debe llegar a ser el que es. Pero ya otros, más contemporáneos, realzan que debemos llegar a ser los que no somos. Quizá llegar a ser hombres que van hacia su deseo de horizonte, hacia la utopía que quizá consista en convertirnos en dioses de nosotros mismos y liberarnos de tanta trampa donde nos esclavizan, poniéndonos a tributar sacrificio para aumentar los dominios del tirano.
Si Dios ha muerto, no es para que nos sumemos a la desesperación, sino para que asumamos con nuestra voluntad el ejercicio de la libertad y la responsabilidad con nosotros mismos y con los demás. Es para que seamos más humanidad, más cuerpos henchidos de gozo.
Rezar es repetir, alienarse; orar es crear nuevos vínculos, estallar los realizados. Un místico inmanente no reza, ora. Y para eso tiene su poesía, su arte y su música dadores de infinito. Orar para él, es entrar en sí mismo y establecer la armonía que lo lleve a la eficaz recepción de los suyos; ayudar a vivir sin desproteger su silencio y su soledad.
Ahora bien, este infinito donde han puesto a Dios las religiones reveladas no es más que una Nada que antecede y sucede a lo existente, un vacío que da el salto hacia otro vacío, una fuente de presencia en el aquí de la tierra que muchos niegan por temor al olvido, a desaparecer. Por eso quizá hemos matado a Dios, la mayor droga de nuestro instante que es el tiempo que nos pertenece: porque ya no creemos; ahora sabemos.
Los dioses han sido una parte integral del designio de los hombres desde su aparición, y, por tanto, están inscritos en nuestra evolución. Dioses creadores de los hombres o dioses creados por éstos. Lo que importa no es su origen, sino su sentido en las vidas de las personas. Y algunas de ellas prefieren el sueño a despertar y estar-frente-al-mundo, cara a la realidad.
No creo en un Dios cristiano ni judío ni musulmán, ni en los dioses griegos ni en los egipcios... Los asumo como simbología, como proceder de la cultura. Y es en esa vertiente de lo divino que me fundamento. En una multiplicidad de signos que emanan del orden creador del hombre y que no se expresan sino por éste mismo orden. Dios y Demonio, los mayores inventos del poeta.
Aquello que no puede ser nombrado no existe en las palabras. Mismas que son metafísica, verdad y mentira de nuestro impulso creador. Son partícipes de lo humano, pero no lo determinan en toda su integralidad porque tenemos lo más cercano: nuestro cuerpo: uso que anuncia, abrazo y danza, sudor y sangre que debe ser respetado siguiendo nuestra propia luz sin apagar las demás. Otra cosa es lo inefable, el éxtasis silencioso.
Dios ha servido como regulador de las masas, como control en el miedo que los sacerdotes desatan con sus prédicas venenosas que inventan castigos a los pueblos que se han dejado engañar. No somos culpables y tenemos que proteger nuestro espíritu que es el gesto y la palabra, la relación con el otro. Debemos superar todo absoluto; hay que diversificar el planeta.
La concepción de Dios ha estado esquematizada y distribuida por los sistemas y las instituciones que lo “venden” entorpeciendo el sí mismo de los individuos y las comunidades que se nublan con su corrupción, porque no han accedido al conocimiento.
Hemos heredado, y es necesario dejarla atrás, una ignorancia que nos priva de crear en nosotros mismos y actuar con inteligencia. Debemos leer y no tragarnos cualquier cantidad de fantasías que nos obliguen a un seguimiento ciego.
Nos han puesto a favor de un Dios que no interviene en el mundo sino con una promesa de salvación y de retribución postmortem. Esto nos aleja de la vida, nos roba nuestra realidad, nos deja huérfanos de nosotros mismos.
Religiones promiscuas que te dan permiso de robar y asesinar a diestra y siniestra y que te absuelven al final dejándote participar del paraíso, son el verdadero Mal. Arrepiéntete porque eres un pecador. Y tú te arrepientes e igual sigues siendo escoria que comerá del polvo. Serás odiado, y quizá suplantado por un balazo. Ve, hazte pedazos y deja en paz a los sanos.
Dios ha estado en los límites del mundo “observando” tu existencia pusilánime, pero no ha tomado cartas en el asunto; es un “Dios misericordioso” que te niega la misma misericordia. Y así lo expresa el poeta hebreo Yehudah Ammijai en su poema Dios Lleno de Misericordia:
Dios está lleno de misericordia,
si no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo y no sólo en Él.
Yo, que cogí flores en el monte
y miré hacia todos los valles,
que traje cadáveres de las colinas,
sé contar que el mundo está vacío de misericordia.
Yo que fui rey de la sal junto al mar,
que estuve indeciso junto a mi ventana,
que conté los pasos de los ángeles
y mi corazón levantó pesos de dolor
en terribles competiciones.
Yo, que me sirvo sólo de una parte pequeña
de las palabras del diccionario.
Yo, que tengo que resolver enigmas a la fuerza
sé que si Dios no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo
y no sólo en Él.
Algunas personas me preguntan: ¿qué o quién es Dios? Y con mi corta mirada sólo atino a responder: Dios. Una tautología, pero ¿qué más podría decir yo de Dios que no sepa ya Dios de sí mismo? Y esta pregunta la tomo de Alberto Caeiro que, luego de pensar una y otra vez el mundo, llegó a la conclusión de que pensar era estar enfermo de los ojos y que una flor es una flor, no otra cosa.
Dios es un problema fundamental en gran parte de los hombres, porque se niegan a entrar en sí mismos. Algunos, la gran mayoría, cuando los padres, maestros y sacerdotes los impulsan a seguir una tradición que debería ser examinada para emanciparse y obtener libertad. Otros, después de que las circunstancias vitales, por ejemplo cuando muere un ser querido: una madre, un hijo, se encargan de insistir en su vínculo con el “alma” que trasciende lo que aparece y que es otra manera de nombrar al cuerpo, cuando se abre el deseo de volverlos a ver.
Cuando somos conscientes de que vamos a morir, allí nace todo ritual, toda manifestación de futuro o de escritura que pretende sustantivarnos, que busca hacernos permanecer; allí encontramos a los dioses y nos aferramos a una vida supraterrenal con una esperanza insana. Allí nace el ser que nos dona presencia. No obstante, somos respiración que crea realidad, y nuestro horizonte está en los demás, aquí, en el amor a la tierra, en nuestro cuerpo subterráneo.
La muerte hace que crezcan nuestras obras que son la inmortalidad del mundo. Los otros, ese más allá que interrogamos en nuestra prevención, nos miran, nos escuchan y nos dan humanidad; cuidan, después de que perecemos, nuestro caminar. Y es ahí, en su memoria, donde cobramos actualidad. Lo otro es la Nada que nos espera con su boca abierta.
La savia está en nuestra mano, en ella desentrañamos el secreto que está dispuesto para nosotros en cada uno de nosotros mismos. No hay que emprender largos viajes por tierras lejanas, sólo hay que entrar en nuestro interior. Prepara la guerra que es adentro. ¡Eres el mundo!
De otra manera: yo he subido al Cielo y he arrojado a Dios sobre la Tierra, para, en una mística inmanente, multiplicarlo, puesto que nosotros debemos ser nuestros propios dioses. Debemos aprender a dialogar con nuestro propio espíritu y llenarlo de música que es la cima insospechada. Debemos perseverar hasta hacer de nosotros nuestra propia creación; atendiendo sólo a los amigos y a aquellos amantes que fundan camino.
No sobra decirles a Occidente y al Oriente cristianizado que Jesús es un mito que, mal contado, se resiste a desaparecer. No habrá segunda venida, porque no se ha ido. Sólo es un símbolo de un pueblo que necesitaba liberarse y expandirse, y ha preservado la fe sellándola en las nuevas generaciones con sangre y fuego. Esa es su resurrección: un pasar el mandamiento de siglo en siglo; como Osiris, como Dionisos.
Mala señal: la Iglesia, luego de saltar al dominio en manos de Constantino, conquistó, con la ficción de un Mesías, la tierra que es de todos, la economía y los cerebros de aquellos “llamados” o “elegidos” que, convirtiéndose al tan publicitado “Más Allá” con su Cielo pedagogizante y su Infierno torturador, perdieron todo gobierno sobre sí mismos y aumentaron la fábula. En esos momentos murió esa doctrina de peces y milagros.
Cristo, o lo que Antonio Mora el heterónimo de Fernando Pessoa llama el puro sueño, la pura nada proyectada, es real en tanto es un mito en su propia realidad. Y aunque se insista, por ser noche y abismo de lo que llaman “Otro Mundo”, no se puede comprender su significado porque es sacado de una loca e imposible revelación: la aparición del mayor de los crímenes: la renuncia a la vida.
Una vez el homo creator o primer dios conjugó el Universo, cuando el primer poeta cantó y dio su carne y su sabiduría, los demás homos instauraron el amor a los más lejanos, y como Píndaro sentenció: los dioses y los hombres eran de la misma raza. Sólo que algunos no repararon en la “naturaleza del arte” que era y es crear.
Así, nacieron los que gobernaban y los que se subyugaron porque olvidaron ser inmortales y no expresaron lo que siente toda la Humanidad. Se propusieron interpretar, cosas de teólogos, y dejaron su esfuerzo por erigir y realizar un dios íntimo, por asistir a la fiesta de las nuevas fundaciones y mitologías.
Dios, lo que se dice Dios, que es plural, no nos corresponde sino en nuestra voluntad de crear y para eso debemos volver a la poesía y llevarla lejos; es decir, a la inmanencia que trasciende entrando en lo vivo que late aquí y ahora. Luego, lo intempestivo de este atrevimiento con que convocamos la existencia, nos arrojará distantes de los errores de la época y nos otorgará la gracia.
Pero hay que recordar con Sánchez Ferlosio que, hasta que no cambien los dioses, nada habrá cambiado. Y nosotros debemos fundar sus casas en este “Juicio Final” que sólo será volcanazo de La Familia del Mundo en la bienvenida de sus cantos.
Así sea.
2011

1
El objetivo de la filosofía es aclarar el sentido de nuestra relación con nosotros mismos y con la realidad. En este orden, debemos entrar en nuestro mundo para luego salir y establecer un contacto con los orígenes de la vida y su evolución.
La relación hombre-mundo es básicamente la constante de nuestro devenir. Aquí se centra la dinámica expandida de una existencia plural y multívoca. La existencia se perpetúa en el conocer y el hacer. En el asombro constante y en las preguntas permanentes que involucran nuestro estar siendo.
La filosofía es una disciplina relegada al final de la estructura básica de lo académico. Esto propone una aprehensión traumática cuando dicha aprehensión se da. Los adolescentes, ya sometidos a pensar y actuar como sus padres, maestros y sacerdotes, sin fundamentos para reflexionar, se establecen en la pérdida del sentido, en la angustia, en la crisis y el vacío existencial.
Teorías complejas y cerradas en el conducto maestro-alumno, determinan un sinsabor, un alejamiento de la maravilla que propone la filosofía: saber quiénes somos, aprender a vivir sin alejarnos de la certeza de nuestra propia muerte. Atender al otro en su humanidad, aunque nos toque ausentarnos de nosotros mismos.
La didáctica, los contenidos, las “competencias” que se buscan establecer, se han fijado en una enseñanza de la historia de la filosofía, mas no de sus problemas fundamentales. Aunque dicha historia es fundamental de por sí. Ya lo decía el español Félix Duque: La filosofía no es otra cosa que la historia de la filosofía.
Pero no podemos quedarnos en este solo encuadre; la mirada debe ser más amplia y dinámica. Problemas como la muerte, la libertad, el amor, la belleza, la verdad, el lenguaje, la cultura, el hombre en su amplitud son significativos y habría que darles cabida como punto referencial y, así, poder asegurar una investigación por las edades de la filosofía misma, y en nuestro propio espíritu. No se enseña filosofía, se enseña a filosofar, sentenciaba Kant.
Esto nos lleva a proponer un curriculo abierto y en situación de un empeño mayúsculo que lleve la filosofía desde los tres años de edad. Esto en vías de la aceptación de la idea de un proyecto asentado en la búsqueda de un hombre plural y con criterio frente al mundo, y consecuente con su interpretación de las cosas.
2
De ahí que también intercedamos por una estructura espiritual que sea un ejercicio de comunión con el entorno, con los demás y con nosotros mismos en procura de una libertad responsable que no permanezca como un miedo a expresarnos de manera significativa.
La mirada hacia una relación intersubjetiva que no ejecute la creencia del otro ni lo sujete en el marco de lo viviente. Una búsqueda que no quede aplazada por una imposición institucional ni por el sistema establecido en las sociedades.
Una apertura a lo sagrado en el orden planetario. La escucha, la propia confirmación, la escritura y la historia de aquellos “iluminados” que exigen eternidad. No en el sentido de la revelación, sino en el acto creador, en la voluntad de crear. En la poesía.
La mística como una actitud frente al mundo; como una actividad que no está mediada por ninguna iglesia o credo asentado en la cultura. Una mística del acá. Una visión que interroga por nuestro horizonte espiritual, por un despertar a la verdad que la vida singular propone.
En otras palabras: abrir el espectro de lo humano que hay en el hombre en el prisma de la realidad. No obstante, este prisma debe establecer un diálogo abierto a la tolerancia y el respeto encausados en las diferencias, incluso cuando la diferencia nos muestra un hombre que no quiere saber nada del acto religioso.
En este aspecto, se deberá intentar un diálogo que acompañe como actividad dadora de una plena convivencia. El ateo debe ser respetado, el infiel, es decir, aquel que no cree en lo que los alienados por las instituciones de “Dios” creen, debería caminar tranquilo en medio de su guerra.
Momentos inquisitoriales de los que creen tener la voz de lo correcto con su moral condenatoria, deben ser suprimidos de todo canto humano; es decir, los límites impuestos por las creencias donde tenemos un total margen de error, deberán ser instalados en su lugar. Atrás, a su puesto.
Cierto ateo acepta que Dios no puede morir y que a él le compete la eternidad puesto que una ficción nunca desaparece. Quizá por esto el hombre junto a su dios elegido permanecerá hasta que no haya hombres y al último le será dada su aniquilación. Sólo hasta entonces, mientras estemos vivos, mientras un solo hombre exista, todo será posible. Otro, anula la divinidad desde el principio.
Es por esta razón que vindico y valido el tercer mundo del diálogo como única posibilidad para desterrar de nuestro espíritu el encono frente al otro y lo otro de nosotros mismos que nos impele comprensión por su terrorífica presencia.
Para un creyente los días se hacen largos, pues espera su relación directa con Dios. Para un ateo, se debe proclamar la vivacidad del presente y por lo tanto agotar la vida en la vida, pues esta es la única que se tiene y no cree en el “más allá”.
Un creyente cree y eso está bien según Wittgenstein porque, a su parecer, creer no hace daño. Sin embargo, las creencias han imposibilitado lo humano del hombre, nos han negado lo más próximo, nos han arrojado a ciudades ampulosas de leche y miel que sólo caben en los cuentos para niños. Pero como dice Onfray: un cuento para niños no se puede refutar.
3
Es aquí, en este punto, donde decido por la filosofía y más que como teoría, como actividad, como fruto del pensar para tener un espíritu crítico, amplio, que nos permita aceptar la presencia del otro en los embates de un mundo hostil que se prepara por asociaciones, a su final.
Recuerdo un cuento de García Márquez donde cierta anciana empieza el día con la afirmación de que algo grave ocurrirá en el pueblo donde vive. Es entonces que su voz comienza a contagiar a los demás y, luego de una serie de rumores y desesperación, el pueblo es quemado dando la razón a las siniestras e inocentes palabras de la anciana.
Del mismo modo las predicciones mayas, el libro de las revelaciones de los cristianos y las palabras crípticas de Nostradamus, harán que por asociaciones, cimentadas en las creencias, nos adelantemos a los hechos y propongamos un juicio final para nuestra especie y su planeta.
Lo mismo sucedió en los años mil y dos mil, donde el rango de homicidios y suicidios fue muy alto. No faltarán los movimientos espirituales que se autoproclamen salvadores y redentores en este clima apocalíptico.
Y no faltarán quienes a menoscabo de una sana inteligencia y un camino claro, se dirijan a estos movimientos engrosando cuentas bancarias que al final de los finales arruinarán y destruirán el mundo de estos ilusos y posibilitarán un nuevo paraíso terrenal a los criminales.
Los nuevos profetas, sobre todo los instalados en Occidente, son figuras prestigiosas de los mass-media. Multimillonarios que desbordan placeres concedidos por la ignorancia de sus seguidores a la manera de Oshos y Chopras y Coelhos y Rogers. Embaucadores con recetas y fórmulas, como si eso fuera posible, para superarse en la vida y lograr el status de las palabras de éstos.
Prefiero los místicos de antes como a Francisco, y no al Papa, el mayor ateo de todos los posibles; a Teresa, y no a su Monseñor, pederasta homicida; a Juana y a Juan y no la poesía vulgar de los periodistas. Todos ellos ampliados en los horizontes de una epifanía que es pura Nada, vacío y pleno convencimiento de que lo que se debe hacer es seguir el propio camino y no donarle a las instituciones toda nuestra sangre.
4
Debemos humanizar este mundo con todas las implicaciones que este hecho conlleva. Debemos ponernos, cada uno, en la tarea de aquilatar nuestra propia vida y no permitir el engaño al cual nos tienen sujetos los líderes que roban debajo de la mesa la comida de los perros.
Debemos estar unidos a una prudente distancia para no enajenar ni ser enajenados por la hipocresía, la envidia y el odio. Debemos aprender a ser felices con la exigencia de un mundo mejor: equitativo, ecuánime, con una voluntad de crear que nos dirija al propio territorio y al respeto hacia los demás.
Pero este respeto será sinónimo de poder que sirve, de sabiduría que acompaña, de amistad que no sujeta, de amor que no nos envía a matar, de solidaridad que no cae en el apoyo del deterioro sin altura. Empresas tales ya se han anunciado y a su pesar seguimos en la venganza y el crimen. En la guerra inmarcesible que también me ha contagiado.
Quisiera poder sanarte. No obstante, soy un convaleciente. Mis dudas se compaginan con mis certezas. Una cosa lleva a la otra. Ya ves, nunca sabemos a qué lugar vamos a parar. Lo que deberíamos hacer es mundanizar la moral y dejar de moralizar el mundo como nos lo dijeron otros sabios.
También deberíamos dejar salir la filosofía de las aulas, de las manos de los filósofos que tienen el culo de plomo, y las ideas de éter, y el corazón sin palpitaciones para que la filosofía vuelva a ser una cosa viva que se agite en las calles como en sus inicios.
Me gusta conversar con mis estudiantes de cosas cotidianas, donde el rigor de la filosofía les exige pensar con atención sobre sus propias vidas y la relación con los demás, con el entorno. De los tecnicismos de la filosofía pasamos a la aplicación en la existencia y es ahí donde algunos se convierten en mis maestros.
No dudo que un día, ojalá no muy lejano, la filosofía estará en manos de jóvenes avezados y aventureros que nos den la salida, esperando que me la compartan porque, a pesar de tener las cosas claras, quisiera conjugar otras posibilidades; y que, entonces, la responsabilidad que la libertad de sus espíritus busca, pueble la Tierra.
No es todo. Prometo volver.
2010

De pronto, puente o piedra, luz yo mismo.
Juan Vicente Piqueras
1
Esquizofrenia es una palabra típica de ignorantes como yo que nombra algo atípico o anormal como ser el enviado del Padre, Lucifer el Hermoso, leer el aura, sanar con las manos, escuchar y ver a los muertos, tener exceso de alma y, en caso crónico, ser el mismísimo Dios en todas sus dimensiones. Esquizofrenia es sólo una palabra con la que el poder hegemónico, pútrido y malvado, elimina del mundo de lo posible a los hombres y mujeres creadores, de nuevo, como yo.
2
La paranoia empezó como un juego de niños: las escondidas. Porque estábamos temerosos y sentíamos el temblor cuando se acercaba aquél que había contado con ojos ciegos de diez en diez hasta llegar a cien. Muchas veces alcanzamos a liberarnos y concebimos un descanso en el vientre inmensamente satisfactorio: vencimos. El otro es el de escuchar las conversaciones de los adultos detrás de las puertas. Era indecente estar a su lado, además, peligroso: sus palabras podrían confundirnos, o lo que era peor para ellos: despertarnos y darnos libertad y autonomía. Lo que los adultos nos dijeron: estése en silencio y quietecito en otro lado que están conversando los grandes, quizá debió ser: venga para acá y lo que no entienda pregunte, somos libres de equivocarnos; pregunte, que así tendrá mundo. Estas palabras posiblemente no hubieran sido entendidas, pero en ellas residía la primera pregunta. Decía que escuchar furtivamente detrás de las puertas fue el principio del paranoico: dícese de quien cree que hay un castigo oculto y planeado con suma sutileza para él por parte de los que lo rodean. Es de todos, pero la mayoría huye de su atracción; sólo algunos se quedan allí, como yo, que me siento morir a pesar del gozo.
3
Antes, cuando no entendía su lenguaje, me ayudaba con los pájaros para crear: madrugaba. (Poco a poco me he ido internando en la noche con su silencio de barrio dormido). Tomaba una copa de amaretto. Era suficiente. Ahora y hace tres años, me nutre el hambre, me pone lúcido, y en ocasiones he entrado en un éxtasis silencioso: conozco lo que otros llaman Dios, conozco la trascendencia que es la memoria de nuestro caminar en el mundo. La locura, como decía nuestro poeta y maestro José Manuel Arango, es violar un recinto secreto y encontrar un animal terrible. La mayoría cierra de inmediato y se olvida del asunto; pero yo he insistido en domesticarlo. En eso se han ido todas mis fuerzas, toda mi voluntad de crear, y espero se me recuerde como lo que soy: ángel y demonio de la nueva humanidad.
4
He estado acostumbrado a tener, y ahora estoy acostumbrándome a ser, que no puede ser una costumbre porque estamos en permanente devenir; los logos aprehendidos o producto de nuestra voluntad de crear se transforman y originan, ellos mismos, identidades donde ya no nos identificamos, y obliga el nuevo paso crearnos de nuevo. El hombre es el único ser que se autocrea; eso de que venimos con un destino preescrito es como si todavía nos trajera la cigüeña de París, ¿a los de París de donde los llevarán? ¿Y en qué? Es posible que en un misil made in China. He estado acostumbrado a tener, decía. Pero no soy lo que tengo sino lo que soy: una nada que se cree con derecho de decirle al mundo cómo vivir; después de todo, he tenido la fuerza para ello, y éste es el ahora definitivo: siento una necesidad de ser escuchado que me deja dudas de lo que represento: un papel intercambiable de máscaras que, al quitarse la última, se da cuenta de que ya no tiene cara, de que se ha convertido en monstruo. Por eso llamo a mi muchacha enamorada para que me devuelva mi humanidad. Quizá aún haya tiempo para el deleite.
5
Pienso, en mi narcisismo, que mi obra, si hay algo así, será reconocida; ahora me vuelve el afán de darme a conocer, de saberme aceptado y de asumir mi caminar como júbilo. Ya basta de cristianismo, no sufriré por más que se me imponga. Ahora me entrego a la felicidad, al sosiego. Lo que escribo y compongo debe llevarme al mundo, pero sin quitarme mi soledad. Aprecio la conversación con el otro cuando se asume como devenir, transformación y crecimiento. He tenido, creo yo, a pesar de las diferencias, buena recepción del que me mira y escucha y me da humanidad. Es por eso que no niego su palabra ni su gesto cuando se interesa por mí, y estoy dispuesto a agotarme de vida con mis amigos y mis amantes.
6
A pesar de todo, dije, he conocido ese embeleso, y esto es ya darle nombre, que otros llaman Dios. Lo múltiple inefable que acontece en la epifanía. Y puedo asegurarles que no es lo que los vestidos de púrpura y oro les han hecho creer. Ese Dios del que ellos se sirven para poder, por eso son los criminales, es ficción; todos sus ángeles y santos son permanencia de nuestro falso entendimiento. Pero eso que he sentido y no se puede expresar sino en la poesía que se silencia, es, y en ello he metido la mano. Sentenciaba un texto tamil anónimo que sólo podemos lograr a Dios, que es plural, con nuestro esfuerzo. Y ahí está radicada mi gracia. Por eso mi verso se parece al pan de Egipto: la noche pasa sobre él, y ya no puedes comerlo. Devóralo en el momento en que esté fresco, antes de que el polvo se le ponga encima.
7
La escritura me sana, lo único insano es querer que sea leída. ¿Por qué este deseo obsesivo de comprensión? Quizá porque veo un mundo, desde mi sensibilidad, pútrido y criminal, ofreciendo una realidad toda llena de falsas ilusiones y chucherías que no nos permiten entrar en nosotros mismos, ocupados por las trampas de la matriz. Necesitamos vivir vívidamente, como quien se sienta a contemplar una puesta de sol o como quien lee un poema en la ¿intimidad? de su hogar. Vale más el viento que cualquier palabra. Vale más el abrazo de los amigos que cualquier Premio Nobel de literatura o de la paz. Vale más la sonrisa de esa niña que no te conoce, que la doctrina más milenaria que haya existido. El secreto somos nosotros mismos.
8
En lo que escribo, a pesar de haberlo afirmado antes, no hay rencor. Sólo son diarios de campo del estudio de mí mismo y del mundo donde disfrutamos la creación y la belleza. No obstante, de mis palabras crudas o metaforizadas de donde se extrae veneno como el que Le Petit Prince pidió a la serpiente, también se evidencian realidad y mundo, bálsamo para los días. Existir, aunque es un plagio como lo realzó Cioran, nos enseña el amor a la vida, y yo soy la vida. Entrego, ahora con más cuidado, mis palpitaciones y mi respiración. Siempre he querido regalar algo a los demás y me esfuerzo porque eso que entregue sea verdadero, aunque no se entienda. Es mi amor al más lejano, al hombre que aún no ha obtenido su dignidad, apuñalado por el mismo hombre en este caminar del desastre. Pero brotará lo nuevo, lo singular que no entorpezca la pluralidad; habrá fiesta, y al fin éste será un lugar donde volveremos a estar desnudos, y lo recibiré con agrado. Sí y amén.
Medellín, 11 de noviembre de 2011

Al estudiante
Carlos Andrés Naranjo Arroyave
In memoriam
No hay conocimiento sin interpretación.
Luis Garagalza
Convicción de que el mundo es mentira sin amor, y la vida un espejismo.
Juan Vicente Piqueras
LEVANTO MI MORADA
La hermenéutica sentidiza las visiones manifiestas y ocultas del ser del hombre donde, silencio como ergon y palabra como energeia, se identifican con el habla y las maneras de escuchar y ver los fenómenos del mundo. Esto, a través de la intersubjetividad planteada por el tercer mundo del diálogo, para llegar a una posible comunicación y transmisión de lo íntimo que se ha agolpado en la realidad, fundando un camino.
Es necesario adentrarnos en la disciplina hermenéutica, arte y ciencia de la interpretación, para clarificar los códigos plurales del mundo, ya que todo se sostiene en y por el lenguaje. Al tiempo avizorar el vínculo inseparable con el pensamiento, con la necesidad de realzar lo viviente por nosotros mismos y en procura de los acontecimientos que nos proponen experiencias y la recuperación de los cuerpos.
Desde que la modernidad amplió el campo de la interpretación, la hermenéutica ha sido una disciplina y un modelo de acción que ha permitido desarrollar un acercamiento a los niveles de memoria de los hombres, a su estado cultural, a la propia naturaleza que es máscara y simulacro.
Es lenguajeando que la hermenéutica ha insistido en el hecho mismo de dicha interpretación de lo que acontece. Por tanto, la hermenéutica se presenta como una manifestación abierta que intenta descubrir el estado oculto de los seres humanos y preservarlo mediante el otorgar y cuidar un mensaje y el hecho del comprender-lo, incluso biológicamente.
Ahora, lo puramente hermenéutico se desdobla e ingresa a la razón íntima de lo que sucede dentro y fuera del hombre, y se hace más necesario aún que esta disciplina sea activada como vivencia en el proceso de las comunidades, donde las diferencias deben ser respetadas sin renunciar a la propia manera de asumir el mundo. Donde sea posible el tercer mundo del diálogo, el contemplar desprevenidos el universo.
Para un hombre creador, es inminente el acercamiento a la hermenéutica como koiné del mundo contemporáneo. Es a partir de ella que se alcanza a tener una visión de lo que ocurre con un fundamento y una posición que pueden ser compartidos en la alteridad, a partir de un ethos dialógico y en función de lo originario del habla: el cuerpo y su sensación primera de autocreación.
La hermenéutica se desarrolla como un sistema de entrada a la interpretación de textos, ya sean escritos, actuados o hablados. De allí su consolidación como el estar y el trascender en la vertiente de lo lector. La observación, en el plano de lo hermenéutico, es ampliamente reconocida y conlleva a una infinitud de la interpretación de lo interpretado; es decir, a una comprensión de lo comprendido. A un contemplar en silencio y ver y oír como en el origen donde sentíamos la respiración fundante.
En otras palabras, al ser que es lenguaje y realidad multiplicada en los terrenos del sí mismo. Puesto que éste, el ser, es un cúmulo de relaciones tanto sensitivas como representacionales, acaecidas en el entramado del cerebro y sus sinapsis o mundo de la inteligencia.
Es allí donde el sentido es inmanente pero debe ser expresado como trascendencia que se vincula a la vida, al cosmos; que se interna en ellos, luego de que el homo creator actúa y erige en la piedra los ídolos espontáneos para sus generaciones que no se conforman por edades, sino por el esfuerzo de crear dioses.
Así, éstos trascienden, hacen historia; no necesariamente con un espíritu que sobrepasa la muerte y se encuentra con los idos en el más allá, porque entonces no serán y ninguna yoidad permanecerá; pero sí, en lo hablado, en lo hecho que es haber entregado su carne y su sabiduría.
En aquello preservado por la memoria y llevado al campo de la comprensión que es toda interpretación. Es decir, la obra donde se cobra vigencia, actualidad. Es en ella que nuestra inmortalidad sucederá, siempre y cuando se haya accedido a la voluntad de crear y al reaprendizaje del cuerpo y su sudor. Siempre y cuando dicho caminar sea cuidado.
Las vertientes de la hermenéutica están en los ámbitos del sentido desvelando las instancias de los malentendidos que ocurren a diario en nuestra vida acostumbrada; ofreciendo una voluntad de crear y un tercer mundo del diálogo donde se puede decir más de lo que se dice, pero siempre con una escucha abierta y atenta, tanto al otro como a nosotros mismos cuando locutamos, y teniendo en cuenta que eso que excede lo dicho está expresado en lo que se calla, en lo que se siente y no cabe en voz alguna.
Lo que permanece en silencio es lo que sabe, y lo subterráneo del mundo debe ser devuelto con su alimento a los corazones de los hombres y mujeres dignos de eternidad. Por eso la hermenéutica y su deidad, Hermes, entran a desentrañar las múltiples verdades inscritas en las parcelas del secreto y traducen su voz ante el designio de una tierra en emergencia: una madre que quiere ser anuncio y oración.
La hermenéutica y sus formas interpretativas, actúan como mediadoras en un mundo donde las divergencias apuntan a una singularidad plural que intenta borrar fronteras, laberintos donde se pierde el canto, piedra y canción, de las comunidades acusadas de rebeldía con los determinismos de una racionalidad solipsista que insiste en el poder absoluto.
Y es precisamente esta dogmática que ha sepultado la dignidad de hombres y mujeres, la libertad y el genio de niños y niñas, la que debe ser repensada, no para volver atrás, sino para generar una realidad equitativa, consciente, donde sean nombrados Manuel, Lucas, Gloria, Paula y Mauricio como humanidades que sienten y piensan, siendo instantes que categóricamente deben vivir sin adoctrinamientos que los obligue a ausentarse de sí.
DECIR, CALLAR: ESTO ES YA EVOCAR LA DIFERENCIA
Una humanidad que se fuga cada vez más en una virtualidad que enajena su cuerpo y su erótica, lanzándola al mundo de las ideas y su lógica, a las abstracciones que presentan diversos símbolos para un complejo sistema existenciario y de comunicación, debe retomar la alteridad y el reconocimiento del otro en la única realidad posible para lo vivo: la eternidad.
Esta eficaz recepción del otro, que también somos nosotros mismos, forjará una acción compartida y de sana convivencia realzando las aspiraciones y anhelos de los hombres y mujeres libres, con actos solidarios que destituirán todo asomo de estandarización.
Poco a poco, el terreno de la objetividad se diluye en una subjetividad que comprende que el sentido no debe ser introducido, sino sacado y expuesto. Ya no podemos seguir intimando con los dictados que se presentan como verdad verdadera o absoluta. Debemos estallar la luz unívoca del saber; debemos generar nuestros propios discursos y habitar la cueva interior donde nuestras visiones no se dejan reducir, y, si es necesario, gritar.
Escuelas y capillas, mafias del conocimiento se afincan en un ir y venir de las mismas manos y las mismas bocas que, aunque torpes, amaneradas y convencionales discriminan la ignorancia que tiene hambre y sólo está al corriente de subsistir en el día a día con la sabiduría de la mendicidad.
Camarillas afincadas en el miedo, la mayor enfermedad del hombre, detienen la expresión transgresora y con argumentos que escamotea la trampa de sus encantamientos dirigidos a homogeneizar y crear adeptos que, como rebaños, deben ser atendidos y, por tanto, cultivados en la igualdad para subrayar la campana del pastor.
Olvidan su libertad que se pierde en quienes los siguen, en las interpretaciones normalizadoras que obligan a la copia y niegan los numerosos puntos de vista escondidos en cerebros secos, neblinosos y sin estrenar de jóvenes que prefieren un plan de minutos más amplio al encuentro con el sí mismo. Jóvenes que tienen cinco mil amigos como si la amistad se tradujera en cantidad, a la manera de los ensignamientos para la vida productiva que inmediatiza y dice ,em>¡ya!.
El pensar parece haber pasado a un estado arqueológico y lo que impera es el desenfreno y la velocidad de las instituciones infestadas por el virus de la formatitis aguda, agenciadoras de compromisos por cumplir con responsabilidades que no competen al espíritu transmisor de visiones del mundo, y del amor que orienta al otro hacia su interior.
Los organismos educativos han olvidado su misión de transmitir conocimiento, de mostrar la universalidad de las teorías y de ayudar a transformar una sociedad imbuida en prácticas de desplazamiento y asesinato, contra los que visten diferente y se atreven a pensar por sí mismos, obligando con consignas que regulan desde el panóptico de los que dominan dejando atrás al ser humano.
La educación en Colombia sólo ha servido para enriquecer las arcas de sus dueños, interesados en la cobertura por el ánimo de ampliar su mercado evitando la pasión y el rigor científicos; permitiendo cohortes inexpertas y débiles en cuestión de interpretaciones y argumentos que necesitan de la creatividad coartada; carne de cañón para abultar las calles donde se propone más desempleo y comercio anuladores de las sociedades; más cuerpos desconocidos, sin confianza.
Y es que se dedican a vender diplomas de grado al mejor postor, distrayendo con cátedras absurdas y tecnificadas a los estudiantes que realmente quieren aprender y se ven estupidizados por un sistema que niega toda intención de revelar y actuar críticamente. Por eso quizá, tuvimos un Estanislao Zuleta que dejó la escuela porque realmente quería estudiar.
Los demás, inscritos en la rumba, prefieren una moralina que se aferra a las maneras como los otros se presentan en la institución. Viven de chismes, de Blackberries, Wikipedia y reggaetón en las sesiones de clase y en los llamados huecos; en lugar de escuchar conquistando puntos de vista y participar sin miedo a la equivocación; en lugar de visitar el templo, que es la biblioteca, investigando otras fuentes y tener de qué hablar con sus maestros y compañeros en las sesiones siguientes.
Lo otro, es que los estudiantes deletrean y redactan muy bien, pero no saben leer ni escribir. No interrogan los textos, no los rumian, no los releen y esto quizá porque nunca tuvieron una iniciación fecunda en el preescolar que, como nos han dicho, es el Jardín de Herodes. Creen que el papel en blanco es el mismísimo demonio; temen verse reflejados en su incapacidad de vencerse a sí mismos que es el lenguaje superior.
Los maestros, por su parte, tienen que cumplir con un cronograma que pasa de largo y sólo pretende cubrir las exigencias administrativas y curriculares del proyecto docente, matando tiempo que se puede usar en lecturas profundas y bellas mostrando así, en estos momentos de copie y pegue, el encanto del libro.
Además, los maestros no estudian lo suficiente: se anclan en una temática específica y reciclan conceptos de años pasados de autores que no interrogan, sin investigar para sus estudiantes a los que demandan ensayos y artículos que ni siquiera ellos mismos escriben.
Y es tal vez por la carga académica de seis u ocho cursos diferentes, con 45 estudiantes cada uno, que van en detrimento de los mismos estudiantes, ya que no hay tiempo sino de llamar a lista y revisar portafolios personales de desempeño, al mismo tiempo de cubrir las horas de trabajo administrativo como si no se tuviera ya bastante qué hacer con la preparación de las clases y las asesorías de los clientes que se quieren dóciles.
Los maestros han perdido su lugar al insistir en mnemotecnias y metodologías que repiten esquemas decadentes y refritos de la episteme aconductada que imposibilita el entrenamiento en el pensar, en la voluntad de crear; que bloquea la imaginación con pre-juicios que crean malentendidos y confunden las voluntades para asignarles un puesto estático en el aula, negando todo tipo de sensación liberadora.
Además de insistir en ello, el ¿diálogo? vertical suprime al maestro de su verdadera misión, instigándolo a seguir currículos donde los cursos no son los de su competencia y debe actuar como todero en aras del emparejamiento con sus colegas, además de exigirles investigaciones sin convicción ni vocación; sin dinero ni tiempo; y rápido que llegan los pares.
Los decanos inyectan de veneno administrativo a los maestros porque al igual, ellos están siendo atenazados con records y estadísticas en la moda obligatoria de las cualificaciones y mejoramientos de la institución que debe ser acreditada.
En fin, es mejor parar aquí, para no desmayar en palabras odiosas y quizá sin sentido y promover así una revuelta que en las universidades públicas está acallada por el ESMAD, y en las privadas por la duda de la nueva contratación después de que acaban los contratos a tiempo definidos.
Quizá esto me valga un despido. Quizá se piense con altura lo que digo. Y el diálogo deje de ser vertical y se componga de una alteridad horizontal donde se acabe el miedo a hablar, a pesar de las diferencias, y decir lo que se siente en las empresas educativas universitarias que con la reforma de la ley 30, públicas o privadas, todas pierden.
Me pienso para pensarnos: sólo pido escucha abierta. Escuchar es pasar por el comprender. Comprender es aceptar el desentrañamiento. Desentrañar es convocar el sentido. Sentido ausente que debemos otorgar con un verdadero humanismo. Humanismo que debe ser gozo. No una guerra soterrada que aún no termina de declararse. ¡Ábrete sésamo!
2 de junio a 28 de noviembre de 2011

A pesar del tono y los vejámenes, no quiero agredir, sino poner a pensar.
El colombiano de la masa está aterrado, tiene miedo, es un esclavo de su propia incertidumbre, y se come cualquier cosa con tal de no asumir su puesto crítico en el país; cree que ha nacido para arrastrarse, para pedir permiso y perdón por la vida: le ha faltado fuerza y educación porque no hay con qué y prefiere cemento y ladrillos para lo que es el paraíso; como ese que llaman Lupe: timador que no disimula: desea enormemente el poder y con sus jefes de campañas, porque han sido varias, trata a los paisas como un rebaño bruto, y que entre otras cosas, no tienen güevas sino para hacer trampa y ver caer a sus hermanos luego de ser verdugos, utilizando la quijada que guardan junto al hacha de sus mayores.
La educación de un pueblo es obligatoria y de modo gratuito; quizá por eso, porque no la tenemos, porque nos la quieren robar, todavía se ven tevebobelas, futbol, y los enlatados Discovery y History Channel, canales con intereses precisos como los de desorientar y alienar; porque no tenemos genios, sino repetidores y entusiastas por una patria que es pasión por el dólar y la fama, cueste lo que cueste. Patria que ya no es nuestra sino de los que han hecho bajar los pantalones a nuestros dirigentes y hombres de Estado: somos un territorio valiosísimo y los tres dueños del mundo nos tienen en la mira. Tenemos dos bases militares de los gringos donde se entrena al que vendrá por mí para hacerme calavera. Y estamos asediados de iglesias que son sucursales intermediarias de Dios, que nos embaucan con los dogmas del vaticano: el mayor accionista del planeta.
Por eso necesitamos las aulas gratuitas, abiertas, o los maestros en las calles; para despertar, para salir de este demencial odio al vecino, para acabar la caleta donde se guardan las armas para la guerra. Misma que es por conservar y agrandar el territorio de las plazas donde se expende la droga que debe ser legalizada. Así se acabaría el monopolio de unos pocos y seríamos respetados, porque tendríamos liquidez.
¡Educación, educación! No cemento para encerrar libros, sino libros en todas las esquinas, música indómita y brutal en lugar de sangre y saqueo. Los servicios públicos que se deberían pagar simbólicamente, podrían entregar de forma gratuita un librillo de literatura o poesía cada mes. No es difícil, teniendo en cuenta la plusvalía de las empresas administradoras de agua potable, luz eléctrica y gas.
No sólo se leen las letras y las frases completas con su sentido. Hay que leer la vida, el mundo, el deseo de los hombres y mujeres que buscan ser libres. La Ministra de Educación de Colombia no ha leído la crisis social ni la pobreza extrema y, si las conoce, las quiere perpetuar estando del lado de los sucios lobos que atesoran dinerito e incrementan la represión con el ánimo de inhabilitar a los jóvenes que quieren y exigen dignidad; cuando no es que los compran con limosnas y espejitos en lugar de hacer lo que tienen que hacer: otorgarles sus derechos: educación gratuita y participación en proyectos de investigación que no sean sólo patentes y soluciones paliativas a problemas coyunturales y tecnocráticos. Necesitan tener visión humanista y eso no se logra sino confiando en ellos y dándoles lo necesario. Ofreciéndoles horizontes.
La Ministra, por supuesto, no ha leído a Aristóteles en su Metafísica, libro I, sentencia inicial. Ni a Aleister Crowley cuando dictamina que el amor es la ley. Señora Ministra de Educación de Colombia: dése un paseíto por estas sentencias y por otras más de filósofos amigos, visite la poesía, enaltezca su espíritu con la música de las calles. Entre en las universidades públicas donde, es cierto, no todos son inocentes. Esos son los menos. Sea bienvenida, pero sin la policía que nos quiere matar; nadie le va a hacer nada, no tenga miedo. Camine por los lugares donde los estudiantes viven, su verdadero hogar; vaya a las bibliotecas, templos de una juventud que no quiere el crimen. No se deje engañar por el Corazón de Jesús y la Virgen María que desean robarnos el alma. No crea en los economistas neoliberales que en la vida el único signo que reconocen es el U$A desconociendo al ser humano, su hambre y su frío. Tampoco crea en la seguridad democrática que sólo sirve para que los ricos vayan a sus fincas ni en los payasos que le ordenan como hablar, vestir y sonreír; y por favor, no nos tome por tontos como su patrón: la salud de este país va cada vez peor, que no sea mentiroso.
Señora Ministra: sea coherente y renuncie a su cargo. No ha hecho nada por la educación del país. Sólo pisotearla. Vaya de vacaciones a su finquita y deje de pensar en cosas útiles y recréese con la belleza de la Naturaleza que da el ver y oír que ha perdido. ¡Ánimo! Y lea a Rin Rin Renacuajo.
3-18 de noviembre de 2011

Visite el blog de Víctor Raúl Jaramillo, Nexus Universalis