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Jaime Sabines Gutiérrez

(Chiapas, 25 de marzo de 1926 - Ciudad de México, 19 de marzo de 1999)

 

Poeta del que se puede afirmar que escribe para todos los públicos, pero sobre todo para sí mismo. Es uno de los poetas más importantes del siglo XX.
Falleció el 19 de marzo de 1999 en México, Distrito Federal. Sus poemas son viajes al fondo oscuro de las emociones, siempre con fuerza y siempre desgarradores. De su interior sacó poemas toscos y abruptos. A veces acertó y a veces no, pero cuando lo logró, sus poemas, hablando del amor o de la muerte del padre, tienen una fuerza y una tenacidad en la que el ritmo del lenguaje y la potencia de las expresiones dejan sin aliento al lector, seguro de haber tocado una verdad. Fue Premio Javier Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Entre otros libros destacamos: Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990).

Jaime Sabines
Callejón de las Palabras
Los elementos en Sabines siguen siendo los habituales en la ciencia primitiva de Occidente: aire, agua, tierra y fuego.
 
 

Hijo de un libanés emigrado. Vivió alternativamente en Chiapas y en la ciudad de México. Estudió medicina, pero abandonó estos estudios; posteriormente estudió letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció en Lengua y Literatura Española. Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal.

 

Los Amorosos en la voz de Jaime Sabines

Los Amorosos (fragmento)

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre  -¡que bueno!-  han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

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Medellin - Colombia 2007